Construimos el relato de marca, la identidad visual y el ecosistema digital de Wise Hen: un proyecto avícola del Valle de Chada que necesitaba comunicar con coherencia su propuesta de valor.
Wise Hen es un proyecto productivo que articula avicultura responsable, trazabilidad y bienestar animal bajo una misma visión. Nació desde el Valle de Chada con una forma de operar que ya era distinta: el cuidado de las aves, el vínculo entre las personas y las ponedoras, y la atención al territorio eran parte constitutiva del negocio, no un atributo de marketing. Lo que no tenían era una marca capaz de comunicar eso con la misma coherencia con que lo practicaban.
Construir una marca con identidad propia para un proyecto que produce con respeto. Una marca que no redujera ese valor a un sello o a una declaración de principios, sino que lo convirtiera en un sistema visual, narrativo y comunicacional capaz de sostenerlo en cada punto de contacto.
Entender que la marca no debía construirse desde el producto hacia afuera, sino desde adentro del gallinero hacia afuera fue el punto de inflexión de este proyecto. Eso significó trabajar primero en comprender la lógica del cuidado: cómo operan, cómo observan, qué relación existe entre las personas y las aves. Fue ahí donde dejó de ser un proyecto de diseño de packaging y se convirtió en un proyecto de identidad con base conceptual propia.
En ese proceso emergió algo que iba más allá del producto: el conocimiento que nace de la escucha. Saber hacer algo bien requiere observar, cuidar y aprender de quienes están en el centro del proceso. Y en este caso, esas protagonistas son las aves.
De ahí surge el nombre: Wise Hen —Gallina Sabia— como síntesis de lo que esta marca practica. No es un nombre irónico ni decorativo. Es una declaración de método.
El sistema visual se construyó desde adentro hacia afuera, siguiendo la misma lógica que el hallazgo. La gallina ponedora ocupa el centro del logo porque es la protagonista real del proceso. El huevo aparece como unidad gráfica y simbólica: presente en la tipografía, en el sistema de trazabilidad y en cada capa de la identidad.
La paleta cromática se tomó directamente del ecosistema del Valle de Chada, el territorio desde donde opera la marca.
La grilla que articula el sistema nació de reinterpretar las canastas de recolección. El huevo en outline, rotado y multiplicado, forma un tejido visual que resignifica el corral: no como encierro, sino como espacio de seguridad y cuidado.
Wise Hen tiene hoy una marca coherente con su forma de operar: una identidad que no necesita explicar sus valores porque los encarna. El sistema permite escalar la comunicación —desde el sitio web hasta las aplicaciones de trazabilidad— sin perder la consistencia ni el relato de origen.
El trabajo junto a Wise Hen trasciende la entrega del sistema de marca. Tras diseñar su identidad visual y narrativa, la relación con la marca evolucionó hacia la implementación continua de su estrategia de comunicación y gestión de marketing.